Dom. Sep 26th, 2021

Mucho se ha venido hablando durante este año que está a punto de concluir del internet de las cosas. Según los estudios que se vienen haciendo en diferentes universidades de todo el planeta, de aquí a unos 20 años viviremos en un mundo hiperconectado, donde incluso la nevera nos dirá qué productos están acabándose o cuándo caducan, en el que nuestras casas serán más inteligentes que nunca y estarán conectadas con nuestros dispositivos para facilitarnos la vida.

Pero parece que la gran revolución en lo que a conexiones se refiere está mucho más cerca de lo que pensamos. Parece que la forma de conectarnos, lo que hasta ahora conocíamos como WiFi, tiene sus días contados. Viene pisando fuerte un nuevo concepto. Pero mejor ponernos en antecedentes.

Rondaba 2011 cuando se pudo comprobar cómo la luz de un sólo led era capaz de transmitir más información que cualquier antena de telefonía. ¿Por qué fue tan relevante esto? Por la velocidad de transmisión. Si ahora ya se realizan miles de descargas simultáneas, lo que está por llegar será aún mayor. De ahí la necesidad de mejorar las velocidades, calidades y, sobre todo, coberturas.

De ahí que sea importante el avance del uso de las conexiones de luz directas, que aceleran todo este proceso y mejoran sobremanera la calidad de descargas y transferencias de datos. Es lo que se viene conociendo por LiFi.

Para que nos entendamos, siendo ondas en ambos casos, hasta ahora conocemos cómo la WiFi actúa sobre microondas, mientras que lo venidero, la LiFi, lo hará sobre la luz visible, haciendo que en ningún momento se ralenticen las conexiones, algo que hoy en día es de lo más común.

Con leds encendiéndose y apagándose miles de veces, o incluso millones de veces por segundo, se conseguirá crear el código binario que permite la transferencia del big data. Eso sí, por ahora hay que seguir desarrollando esta idea, puesto que para que funcione, emisor y receptor tienen que seguir en el mismo espacio.