Jue. Oct 21st, 2021

DPA.- Christoph Meyer (dpa) – Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, los líderes de los aborígenes norteamericanos y hasta Napoléon le rindieron tributo al médico rural inglés Edward Jenner, quien hace 225 años aportó la primera prueba de la eficacia de la vacunación.

Millones de vidas humanas se salvaron desde entonces gracias a la iniciativa de Jenner. Su planteo fue que si una persona se infecta con una enfermedad inofensiva, adquiere inmunidad a un agente patógeno similar.

En aquel momento utilizó el virus de la viruela de las vacas para proteger de la viruela humana. La palabra vacuna deriva del término latino vacca (vaca).

El médico rural, de la localidad inglesa de Berkeley, infectó el 1 de julio de 1796 al niño James Phipps, de ocho años, con el virus de la viruela, pocas semanas después de haberle administrado el virus de la viruela vacuna.

La prueba fue riesgosa, pero tuvo éxito. Phipps demostró que era inmune a la tan temida enfermedad.

Las vacunas funcionan aún hoy de forma similar, señala el director del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, Adrian Hill, en una entrevista con dpa. Pero ahora son desarrolladas específicamente con ese propósito y están optimizadas para generar pocos efectos secundarios y brindar la mejor protección posible.

Hill y sus colegas desarrollaron la vacuna Astrazeneca contra el coronavirus en base a un adenovirus causante del resfriado en chimpancés como vector del material genético del coronavirus.

“Estamos aprovechando el sistema inmunitario de una persona para protegerla”, dice Hill.

El conocimiento de que una infección provocada de forma deliberada puede conducir a la inmunidad a enfermedades es muy antiguo. La denominada variolización, la inoculación de la viruela, ya se llevaba a cabo en la China medieval.

En aquel entonces, se frotaba pequeñas cantidades del contenido de las pústulas de la viruela en una herida inducida en personas sanas. La esperanza era que estas personas desarrollaran una versión leve de la enfermedad y quedaran inmunizadas para el futuro.

Pero esto no siempre funcionó, no pocas personas enfermaron gravemente y esto llevó en algunos casos a que se desencadenaran brotes de la enfermedad.

Desconocido durante mucho tiempo en Occidente, el método de la variolización llegó a Inglaterra en el siglo XVIII desde el Imperio otomano.

Jenner consideró que el método podía ser mejorado y halló en una mujer ordeñadora, que se había contagiado la viruela de las vacas,  la base para su experimento.

El médico abrió su primera clínica de vacunación en una pequeña cabaña que tenía detrás de su hogar, a la que él bautizó como el “templo de Vaccinia” y popularizó el método en todo el mundo.

“Usted ha eliminado uno de los mayores flagelos de la humanidad”, le rindió homenaje más tarde Thomas Jefferson.

Sin embargo, debieron pasar más de 180 años hasta que se logró erradicar la viruela de forma efectiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) inició en 1967 una campaña de vacunación global, por la que muchas personas lucen aún la ya típica marca que dejaba esa vacuna en la parte superior del brazo.

La OMS declaró en 1980 la erradicación de la viruela y hoy en día solo se conservan unas pocas muestras del virus de la viruela vivo en laboratorios para fines científicos.

Pero pese a esta victoria sobre la viruela, aún existen muchas enfermedades infecciosas que causan millones de muertes cada año.  Entre las enfermedades más letales se encuentran la tuberculosis, la malaria y el VIH sida, contra las cuales aún no existen vacunas efectivas para combatirlas.

Hill y sus colegas crearon una vacuna contra la malaria que cumple los estándares de la OMS con un 75 por ciento de efectividad. Pero deberán pasar varios años hasta que pueda aplicarse de forma generalizada, ya que la vacuna tiene que atravesar antes un extenso proceso de aprobación que demandan estudios a gran escala.

El director del Instituto Jenner considera inapropiada una espera tan larga. El experto precisa que el año pasado murieron en África cuatro veces más personas a causa de la malaria que por covid-19. Sin embargo, señala Hill, no se trata a esa enfermedad con la misma urgencia.

“¿Cuál es la diferencia en la importancia de que un niño muera de malaria y un adulto muera por covid-19?”, pregunta.  El profesor asegura que las autoridades de las agencias de medicamentos y drogas tienden a ser conservadoras. Hill dice que las tratativas están en marcha y el resultado está abierto.

Además del duro proceso de aprobación, la falta de dinero para el desarrollo de vacunas y la falta de capacidad de producción son las principales razones por las que el proceso no avanza más rápido.

“Si uno supiera que se puede vender una vacuna contra la tuberculosis a 100 dólares (84 euros) la dosis, todos los grupos farmacéuticos grandes la estarían produciendo hoy mismo”, dice Hill.

La investigación, según el especialista, compite con otras enfermedades menos letales. Pero las enfermedades infecciosas más mortíferas se dan sobre todo en los países en desarrollo con menos poder económico.

El pionero de las vacunas Edward Jenner nunca estuvo interesado en ganar dinero con su descubrimiento.

“Él quería simplemente que la gente se informara al respecto y que el conocimiento se transmitiera”, subraya Owen Gower, director de la Casa Museo Dr. Jenner que funciona en el que fuera el hogar del médico rural en Berkeley, a la BBC. Jenner tenía la absoluta determinación de salvar el mayor número de vidas posible.