Sáb. Dic 3rd, 2022

– Organizaciones católicas lamentan en una carta conjunta que los prelados han enfocado la cuestión «de una manera equivocada e insatisfactoria»

– El nuncio trasladó las palabras del Papa y llamó a evangelizar y no hacer «mítines políticos»

MADRID, 25 (SERVIMEDIA)

Los obispos españoles compararon este lunes el abordaje social e institucional de la lacra de los abusos sexuales a menores con la que se hizo ante la esclavitud, con la que se tardó «muchísimos años en tomar conciencia». También recalcaron que la lacra afecta en España a uno de cada cinco menores, que sufren abusos en distintos ámbitos, no sólo eclesiales.

Así lo aseguró el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, durante el discurso inaugural de la 119ª Asamblea Plenaria que congrega a los prelados españoles esta semana en Madrid.

«Es una nueva esclavitud que afecta a toda la sociedad, de la que estamos tomando conciencia y en la que lamentablemente algunos miembros de la Iglesia también han participado. Ha sucedido como pasó con el drama de la esclavitud, cuando la sociedad tardó muchísimos años en tomar conciencia de esta práctica terrible, denigrante y que tanto sufrimiento ocasionó a tantos hermanos y hermanas nuestros», aseguró. Sin embargo, matizó, aún prevalece la esclavitud en la trata de mujeres y niños, otra lacra que habitualmente recuerda el Papa.

Esta reunión es la primera que se cita tras la constitución de la comisión independiente encargada por la CEE por el bufete Cremades & Calvo Sotelo para investigar los abusos sexuales perpetrados en las últimas décadas por miembros de la Iglesia católica en España y de la puesta en marcha de otra comisión encargada por el Parlamento al Defensor del Pueblo.

Omella volvió a pedir «perdón» por «el drama de los abusos sexuales», que calificó de «una epidemia global silenciada» y manifestó su confianza en los resultados que arroje la investigación del bufete dentro de un año. «Esperamos que esta auditoría y sus conclusiones puedan servir como instrumento de colaboración con las autoridades civiles para esclarecer la verdadera dimensión de los hechos y establecer una prevención más eficaz en todos los campos», dijo.

El cardenal también se refirió a los abusos como «drama lacerante» que afecta a uno de cada cinco niños en España y a mil millones de menores en todo el mundo y recalcó que las víctimas son su «prioridad absoluta», por lo que llamó a «un análisis completo y un buen diagnóstico, libre de demagogias y sectarismos ideológicos».

CARTA ABIERTA

Antes del discurso inaugural, representantes de cinco colectivos de cristianos de base hicieron entrega en la sede de la CEE una carta abierta en la que exigieron a los obispos «verdad, justicia y reparación» para las víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica española.

Las entidades firmantes (Alandar, Moceop, Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana, Redes Cristianas y Revuelta de Mujeres en la Iglesia) aseguraron contar con el respaldo de un centenar de colectivos. «Queremos que nuestros obispos sean conscientes de que han enfocado la cuestión de una manera equivocada e insatisfactoria, sobre todo para las víctimas», con una actitud «defensiva» y minimizando el problema, indicaron los representantes.

En un discurso que se prolongó durante 38 minutos, más largos y con más referencias y fuentes de lo que suele ser habitual, Omella también incluyó referencias a la guerra en Ucrania y subrayó los valores de la democracia. «La tarea de las iglesias y comunidades religiosas en medio de esta tragedia debería contribuir a acelerar la consecución de la paz, basada en la justicia, en la verdad y en el perdón», dijo.

En su opinión, «la invasión ha despertado a los europeos» y requirió «liderazgo político y un cambio cultural y moral para recuperar los pilares sobre los que ha nacido el proyecto europeo, un camino de comunión que respete la diferencia».

Ese liderazgo lo extrapoló también para la atención a los refugiados ucranianos, que podrían llegar a ser «millones de personas» y «va a ser necesario un esfuerzo sostenido en el tiempo». «La Iglesia seguirá colaborando, como lo ha hecho hasta el momento, pero reclama una acción más coordinada entre todos los actores públicos y privados», indicó.

75º ANIVERSARIO DE CÁRITAS

En este contexto en el que como consecuencia de varias crisis (Ucrania, el encarecimiento de la energía y la inflación) «va a ser cada vez más necesaria» la solidaridad, Omella hizo un homenaje a Cáritas, organización que celebra su 75º aniversario.

Fuentes de la organización católica aseguraron a Servimedia que en el contexto de ese aniversario el papa Francisco recibirá a una delegación de unos 30 miembros de Cáritas el próximo 5 de septiembre. También los prelados españoles dedicarán parte de su agenda de la asamblea de este miércoles a la labor caritativa de la Iglesia.

Pero una vez más extendió el llamamiento a la proactividad de las instituciones. «Nuestros tiempos exigen en todos una mayor solidaridad, así como mayor cohesión social y política que nos aleje de frentismos y de polarizaciones ideológicas o políticas. Es tiempo de unidad en la búsqueda del bien común. Estamos en el advenimiento de un cambio de época mundial, social y político que nos afecta a todos», aseguró.

La pobreza y la desigualdad, el deterioro de las relaciones sociales y la desconfianza en las instituciones fueron otros asuntos que repasó el prelado. «Lo que es evidente es que la bronca entre los políticos hace mucho daño. Existe un hartazgo social ante la falta de acuerdos entre los grandes partidos y ante la incapacidad de colaboración para promover el bien común de los ciudadanos. La desconexión entre la clase política y la gente aumenta. Existe el riesgo de que la convicción, hasta ahora profundamente arraigada, de que la democracia es el mejor sistema político posible, se diluya», dijo en otro momento.

Omella puso en valor el papel de los católicos en la sociedad (suponen el 17,7% de la población mundial) y la participación de la Iglesia en la vida social.

«Es una inquietante paradoja que mientras nuestra cultura exalta una libertad sin vínculos, se pretenda reducir el ejercicio concreto y real de la libertad. Reducir la protección jurídica de la objeción de conciencia degradaría nuestra convivencia y nos acercaría a los usos propios de los Estados totalitarios», indicó, para a continuación resaltar los «intentos de limitar el derecho a la objeción de conciencia, de desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, especialmente el crucifijo».

«La Iglesia no desea ni busca ningún tipo de privilegio ni de especial protección. Lo que reclama es sencillamente la libertad», aseguró, en concreto en los cuatro puntos en los que parece ser más atacada: la visión católica del ser humano, la moral sexual, la identidad y la misión de la mujer en la sociedad, y la defensa de la familia formada por el matrimonio entre un hombre y una mujer.

También alertó de que las libertades están «en peligro», por la cultura de la cancelación que provoca «un clima asfixiante para quien se atreva de discrepar de los nuevos dogmas». En este punto, insistió en la defensa de la vida frente al aborto.

«El Estado, en lugar de potenciarlo, debería proteger con ayudas económicas y sociales a quien decida dar a luz una nueva vida. Al Estado no le corresponde hacer proselitismo del aborto, sino garantizar la libertad y la asistencia a la persona sea cual sea su decisión. Un país que no apuesta por la vida está condenado a perder su cultura y su tradición», zanjó.

HACER IGLESIA Y NO MÍTINES

Tras Omella, ante un aula llena, con los asistentes usando mascarilla para preservar a las personas más vulnerables (muchos de los obispos españoles tienen una edad avanzada), habló el nuncio del Papa en España, Bernardito Auza, que trasladó a la CEE palabras de Francisco llamándoles a evangelizar: «Siento una grave tristeza cuando veo a alguna comunidad que con buena voluntad se equivoca de camino porque piensa que hace iglesia en mítines como si fuera un partido político (…) Me pregunto dónde está el Espíritu Santo».

El embajador de la Santa Sede también hizo suyo el llamamiento del Papa a «jamás acostumbrarse a la guerra y a la violencia» y repasó los «reiterados conflictos» que prevalecen en el mundo además de la guerra en Ucrania, que alcanza ya 61 días y aún «no se ve el final».

El 75º aniversario de Cáritas, la crisis social y económica y los nuevos «desafíos» que tiene la CEE en el anuncio del Evangelio centraron la intervención del nuncio, que también alargó su discurso más de lo que acostumbra. Pidió a los obispos «responder adecuadamente» ante esos desafíos, al tiempo que agradeció «la atención que prestan al matrimonio, la vida y la familia» y la objeción de conciencia.